CONSEJERO/CONSEJERA PASTORAL

Por: ©Revdo. Dr. José Abraham De Jesús-Rivera

 

Un consejero o consejera pastoral no surge de la nada. Se necesita entrenamiento, estudios y práctica para poder ofrecer apoyo a las personas en necesidad. Todo esto se recoge en las características que mencionaremos adelante.

 

I. Un buen consejero o consejera pastoral necesita las siguientes cualidades:

 

  • destrezas en consejería

    La forma de adquirir destrezas en la consejería es a través del estudio. Existen muchos centros en los cuales se pueden adquirir estas destrezas. Usualmente se incluyen en cursos de consejería pastoral en todos los seminarios e institutos teológicos. También se pueden adquirir a través del estudio independiente leyendo libros dedicados al tema o en la internet.

  • sensibilidad

    Un buen consejero o consejera pastoral necesita tener un alto grado de sensitividad y sensibilidad. La persona que recure a un consejero o consejera pastoral está buscando ayuda en alguna situación de crisis. De por si, cualquier situación de crisis crea unas presiones emocionales que interrumpen el comportamiento y funcionamiento normal de una persona. El consejero o consejera debe estar conciente de cómo y hasta qué nivel dicho comportamiento y funciones se están interrumpiendo y cómo ofrecer apoyo para re-establecer el balance normal de la persona.

  • ser buen oyente

    En mi artículo sobre "Destrezas para escuchar" profundizo un poco sobre este aspecto. No se puede ser buen consejero o consejera si uno no esta dispuesto a escuchar a la gente. Oír la persona no es solamente escuchar lo que dice en palabras, es percibir el mensaje corporal, el tono de voz en que habla, los cambios en las facciones de la cara, donde fija su mirada, que temores expresan sus gestos, y percibir qué otros detalles se pueden notar en la persona. El buen oyente trata de percibir los sentimientos de la persona y ayudarla a identificar esos sentimientos.

  • una buena mente analítica

    El análisis consiste en romper el todo en sus partes para investigarlas individualmente. ¿Qué es lo que esto quiere decir? Que un consejero o consejera tiene que tener la capacidad para tomar un problema complejo; dividirlo en diferentes partes para entender cada una de ellas y comprender como éstas partes se relacionan al todo, o al problema. Un buen consejero o consejera trata de ayudar la persona para que pueda romper el problema en partes pequeñas que sean mas manejables que el todo. Pero el consejero o consejera tiene que saber cuáles son las preguntas específicas que ayudarán dicho proceso y como tal, el o ella tiene que tener una buena mente analítica para formular las preguntas correctas.

  • humildad

    El consejero o consejera tiene que ser humilde para entender sus propias limitaciones, o sea saber cuándo debe referir la persona a un especialista o a una persona que pueda ser mas objetiva. Muchas veces en la consejería pastoral estamos trabajando con personas que conocemos por mucho tiempo, con matrimonios en problemas, con hijos e hijas problemáticos o con situaciones que hemos visto desarrollarse. Es muy difícil poder hacer una abstracción de nuestras relaciones con esas personas y ser completamente objetivos. Es por eso que se tiene que ser humilde para entender hasta que punto nosotros podemos ayudar o hasta que punto podemos obstruir la solución de un problema debido a nuestras previas relaciones con la persona afectada.

  • buen confidente

    Una característica fundamental de un buen consejero o consejera es la confidencialidad. Cuando una persona le dice a uno, "esto es confidencial" esta esperando que lo que ha dicho se muera con uno. Cada caso que uno trata debe considerarse confidencial. La conversación entre el consejero, consejera y el aconsejado no debe salir a relucir en ninguna otra conversación sin el previo consentimiento del aconsejado o aconsejada. Cuando una persona se da cuenta que lo que ha dicho en un proceso de consejería es sabido por otras personas se siente traicionada por el consejero o la consejera. Si esto pasa es muy difícil poder volver a recuperar la confianza.

  Es fundamental, al principio de un proceso de consejería, hacer saber al aconsejado o aconsejada que su conversación es confidencial, pero que esta puede ser rota si en algún momento el consejero o consejera estima que hay peligro para la vida del aconsejado o de personas inmediatas. Esta es una responsabilidad moral y legal que tienen los consejeros y los consejeros pastorales no están excentos.

 

©Revdo. Dr. José Abraham De Jesús-Rivera